[Los nombres han sido cambiados para
cuidar la identidad de los que estuvieron en este relato.]
Lunes 14 de dic, 2015. 6 am.
Desperté por un grito de mí madre desde fuera de la casa, decía
"súbelo, vamos súbelo" por debajo se escuchaban gemidos
de dolor, al parecer dos mujeres llorando, jadeaban. Con el sueño a
flor de piel, pero con los nervios y el miedo encima, me levanté
caminando rápida y extrañamente en el sentido contrario de la
puerta. Al llegar al final de la casa recordé que casi no veía, ya
que no llevaba los lentes conmigo, volviendo a mi habitación, tomé
los lentes de la mesita de noche y salí a la puerta.
Ni siquiera salí afuera, sólo saque la cabeza entre esta y la
pared, mi padre en frente con su motocicleta encendida me miró por
un momento, yo hice una mueca indicando la pregunta de: "¿Qué
sucedió?". Él soltando el volante con ambas manos me indicó
que me calmara, un poco más tranquila volví a mi alcoba y dispuse a
volver a envolverme con mi cobija.
Algo extraño había pasado, y no sabía qué. Me dormí.
Más o menos una hora después volví a despertar con la voz de mí
madre mientras hablaba con mi abuela, decía "pero ya estaba
muerto, no podíamos hacer nada, si hubieran llamado a Richard, él
hubiera ayudado con su auto sin molestarse, para llevarlo a un
hospital, o si hubieran ido con Alberto, él ya tenía la motocicleta
encendida."
Automáticamente, hablé desde mi
habitación, mamá escuchó, después de todo la puerta estaba
abierta, pregunté "¿Quién se murió?". Ella respondió
con algo de tristeza o seriedad, supongo: " El hijo de la señora
de allá abajo, el que estaba enfermo.. El nieto de la señora
Maria".
Con sinceridad, esa señora no me cae bien, y creo que yo a ella
tampoco, pero no por eso me alegró la muerte del chico, tenía sólo
tres años si no me equivoco, y pues, en algún momento moriría,
pero no sé que decir. Al rato iba camino al baño cuando escuché
los gritos de la señora diciendo: "Mi nieto", lo repetía
varias veces y se podía escuchar el eco por todo el ambiente, eso me
puso los pelos de punta.
Obviamente sufrían todos. Yo no sabía que decir referente a lo
sucedido, soy un asco cuando se trata de hablar con alguien a la cual
se le muere un ser querido, y más si no lo trataba. Sólo había
visto al pequeño moverse de alegría en los brazos de su madre
cuando mi papá le hacia muecas, eso me alegraba, pero me entristecía
la situación del pequeño. Esa mañana me tocó salir con mi abuela,
antes de eso había reflexionado, tratando de entender el dolor de
aquellas personas. Había imaginado.. "Si eso me hubiera pasado
con mi abuela..." Gracias a eso había llorado un poco, claro
que no quise volver a pensar en eso.
Horas después me sentía fatal, no podía con el dolor abdominal.
Vomité dos veces, también me acosté sin éxito a que cediera. Al
rato tomé una pastilla la cual aliviando el dolor, me hizo dormir en
toda la tarde.
Más o menos a las cinco mi abuela me despertó diciendo que iría a
la funeraria, que estaría sola y que no le abriera a nadie. Asenté
con la cabeza adormilada y dormí hasta las seis. Para esa hora, ella
no había llegado aún.
Y bien, pasemos al día siguiente. Mis padres fueron esa mañana a la
funeraria. Volvieron más o menos a las diez aún siendo mañana, sin
yo ver algo, habían bajado a su casa de nuevo con el cadáver, les
tocaba enterrarlo y había pasado algo con los documentos para su
entierro. No sé cuando, volvieron a subir y lo enterraron.
Con sinceridad, no pude enterarme de
nada más, sólo es mi punto de vista, ese pequeño, era alguien
inocente, si nos ponemos a pensar, no debía morir, si se trataba de
eso.
Hoy pude enterarme de que había muerto por un infarto, sus padres
habían dicho que él jugó toda la noche anterior. Para ese ataque
le habían tratado de ayudar con el equipo para respirar. Pude
escuchar también que cuando estaban analizando si era muerte
natural, una doctora había dado a entender de que lo habían
asesinado.
Mi madre indignada, mientras le contaba a mi abuela decía que cómo
sus padres iban a querer matarlo, tiene razón. Al parecer había
entrado otro doctor que era el que había dicho sobre el infarto.
Alguien inocente y tan joven, atacado por la muerte.
La muerte siempre
está presente, porque no es necesario ser asesinado o tener un
trastorno patológico para ver cuan cerca esta, lo digo por
experiencia, la “miras” a los ojos, y solo se lucha por seguir
adelante, en un momento estás, en el otro formas parte del universo
en espíritu y vas a un cielo si es que llega a existir. Una vez,
Robert Kiyosaki dijo: “todos quieren ir al cielo pero nadie quiere
morir”, resulta ser que es completamente cierto. Personalmente, la
muerte me ha tocado de distintas formas, he visto la agonía y la
rapidez en que sucede, y cuando algo esta destinado a pasar, así
sera, ni que reces un millón de veces, no sucederá un milagro.
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| Aylan Kurdi. |
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| En honor a Aylan Kurdi. |
Cuando me refiero
a mirar la muerte a los ojos, lo digo de una manera distinta, porque
en ese momento piensas todo lo que esta a punto de pasar, los daños
que esta ocasiona, pienso, o bueno, más bien creo que a la muerte no
le tengo miedo ya que es solo irse, sus efectos colaterales si me
aterran y me erizan la piel, mi príncipe no verlo disfrutar, sentir
el dolor de mis familiares; quizás por eso me aferro más a esta
vida. Indudablemente, he vivido cosas duras, quizás estuve a prueba
y la sonrisa siempre ha sido la mejor solución, aunque este
destrozada internamente y mi cerebro no razone, todo lo hacia por mi
familia, porque las dificultades solo te fortalecen, o bueno, a mi me
ayudo. Aún es verse en la incertidumbre, pero poco a poco se sale
adelante.
La muerte lleva
varias etapas: negación, ira, negociación, dolor emocional y
finalmente la aceptación. Todas duelen mucho, quizás una más que
la otra, pero en todas hay que salir adelante. La muerte de un padre,
considero que es una de las cosas más fuertes de la vida, pero no se
compara con la pérdida física de un hijo, porque hablando en
términos claros, es ley de vida que los hijos entierren a los padres
y que no sea viceversa. Cuando leí un libro, hermoso por cierto,
observaba como se referían a los funerales y es que son para los
vivos, coincido con eso, ya que el ser que se ha ido no siente nada,
absolutamente nada, todo lo realizado es para que las personas
afectadas puedan aliviar su alma y su consciencia. Siempre esperan
ese momento para decir cuanto aman, el deseo de perdón y todo lo que
no pudieron decir en vida a un cuerpo frío, un “cuerpo sin alma”,
por eso suelen decir que las lágrimas mas amargas derramadas sobre
las tumbas son aquellas por palabras no dichas y actos no realizados.
La muerte nos
persigue, de nosotros está salir ilesos por un momento,
ineludiblemente es nuestro destino final, que los recuerdos sean
nuestra sonrisa, y aunque el alma duela, no dejarse vencer. No sé si
exista otra vida, lo que estoy segura y porque lo he vivido es que
las personas jamás se van, nos acompañan siempre en nuestra
memoria, nuestro corazón, nuestro cerebro que es donde realmente
radica todo, y, que en ocasiones, solemos heredar la fuerza de esas
personitas. Cuando era una niña me decían que cada vez que mirara
al cielo, la estrella más brillante, sería mi ángel eterno, me
paso cuando murió alguien muy cercano, mi “big bro” y luego, una
de mis madres, por eso cada vez que llego a mirar al cielo, veo las
estrellas aunque la contaminación sea gran problema, sin embargo,
siempre hay unas que brillan más, quisiera pensar que eso me decían
es verdad, es como un alivio, un consuelo. Hay que celebrar la vida
en nombre de esos ángeles y con las mejores fotografías ver su
vida, todo tiene un lado positivo y hermoso, la muerte no se si lo
tenga, solo sé que el amor crece sin importar la distancia. Ojala y
exista otra vida donde nos reencontremos con nuestros seres amados,
que exista otra vida para estar más tiempo con alguien. Sé que el
amor va más alla de la eternidad, y por eso, estoy segura que está
vida es difícil, ya que es un sencillo ciclo: “Naces, creces, te
reproduces y mueres”, aunque lamentablemente, actualmente no se
pueda decir que todos cumplan este ciclo, casi todos llegamos a
vivir. Lo único que queda es rezar, luchar y vivir un día a la vez,
que la muerte sea una experiencia, una enseñanza y que aunque sea
difícil, afrontar la realidad ya que para morir, lo único que hace
falta es estar vivo.
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